Las encuestas siempre son criticadas, especialmente cuando no favorecen al candidato de mi predilección, y sin embargo, siguen siendo la herramienta favorita (y la más técnica) de las campañas para medir el clima electoral.
Que ninguna encuesta puede predecir el resultado de una elección debería estar claro.
Primero, porque de lo que se trata es de decisiones humanas, y todo lo que tiene que ver con las decisiones humanas es incierto; las personas no siempre actúan racionalmente ni sus decisiones son lineales o inmutables. Segundo y muy importante, porque no están diseñadas para eso. Miden las preferencias electorales en un momento determinado, son 'una foto', nada más.
Sin embargo, un análisis sereno y desligado del deseo, de preferencias ideológicas y emotivas podría permitir inferir un poco más allá de la fotografía, del momento.
Al cruzar las distintas encuestas y su evolución en las distintas mediciones se perciben tendencias estadísticas en las preferencias electorales.
En la imagen se muestra un ejercicio de @nelsonamayad dónde pondera todas las encuestas públicas de intención de voto (29 en total) considerando el margen de error, el nivel de confianza y ponderadas de acuerdo al tamaño muestral (Entre más robusto sea el tamaño de la muestra, mayor representatividad y mayor poder de 'ver' diferencias pequeñas entre candidatos).
Duque y Petro aparentemente llegaron a su techo y muestran una curva ligeramente descendente, mientras que Fajardo y Vargas detuvieron la caída y muestran pendiente ascendente. De La Calle no muestra signos de despegue.
La pregunta es qué tanto podrán subir Fajardo y Vargas, y qué tanto se sostendrán Duque y Petro sin ceder posiciones frente a los demás.
Aquí juega un papel importante los negativos y positivos de los candidatos. Ítems como 'por quién no votaría nunca', 'si no fuera por su candidato, por quién más votaría', 'tiene una imagen negativa o positiva' o 'qué sentimientos le genera', cobran relevancia para entender los cambios en esta última semana previa a las elecciones.
También hay otros factores que ayudan a entender el por qué del supuesto 'descache' de las encuestas.
En Colombia por ejemplo, se ha estimado que, al menos, un 20 % de los votantes deciden o cambian su decisión inicial cuando se encuentran en el cubículo. Esto representa entre 1,7 y 2 millones de votos, que bien pueden ser determinantes para definir quiénes pasan a segunda vuelta.
Adicionalmente, la publicidad en las calles, los comentarios que surgen en conversaciones con familiares, personas cercanas y grupos de presión social, ya más reposadas, bombardea la mente y crea sensaciones de 'candidato ganador', 'voto útil', 'candidato más conveniente' o 'candidato menos peor', que generan cambios en las preferencias imposibles de anticipar o preveer.
Así mismo, están aquellos que dicen que van a votar pero al final, por diversas razones, no lo hacen. Los jóvenes tienen la mayor tasa de abstención de todos los grupos poblacionales.
Por esto, en algunas encuestas sólo consideran dentro de la muestra a quienes ya han votado al menos en una ocasión en el último año o en las últimas elecciones, puesto que quien nunca ha votado, tiene una alta probabilidad de no votar.
Por último, no olvidemos a la maquinaria. Aunque suele ser menos determinante en elecciones presidenciales, el efecto de tener concejales, diputados, ediles y los congresistas actuales y electos moviéndose para 'ganar el corazón' del futuro presidente no es algo que deba subestimarse.
Llegará el 27 de mayo y sabremos al fin cuál es la verdadera encuesta, la voluntad de quienes no solo reclaman derechos sino que asumen su responsabilidad de decidir el futuro del país.
Veritas filia temporis"
(La verdad es hija del tiempo)

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